Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor

...tuyas son la alabanza, la gloria y el honor; tan sólo tú eres digno de toda bendición. (del Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís)

Loado seas por toda criatura, mi Señor

...y en especial loado por el hermano sol, que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor. (del Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís)

Y por la hermana agua, preciosa en su candor

...que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor! (del Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís)

Y por la hermana tierra, que es toda bendición

...que da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores de color, ¡loado, mi Señor! (del Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís)

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor

...¡felices los que sufren en paz con el dolor, porque les llega el tiempo de la consolación! (del Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís)

Recursos catequéticos para el Domingo de la FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Hoy, el Evangelio es una profecía, es decir, una mirada en el espejo de la realidad que nos introduce en su verdad más allá de lo que nos dicen nuestros sentidos: la Cruz, la Santa Cruz de Jesucristo, es el Trono del Salvador. Por esto, Jesús afirma que «tiene que ser levantado el Hijo del hombre» (Jn 3,14).

Bien sabemos que la cruz era el suplicio más atroz y vergonzoso de su tiempo. Exaltar la Santa Cruz no dejaría de ser un cinismo si no fuera porque allí cuelga el Crucificado. La cruz, sin el Redentor, es puro cinismo; con el Hijo del Hombre es el nuevo árbol de la Sabiduría. Jesucristo, «ofreciéndose libremente a la pasión» de la Cruz ha abierto el sentido y el destino de nuestro vivir: subir con Él a la Santa Cruz para abrir los brazos y el corazón al Don de Dios, en un intercambio admirable. También aquí nos conviene escuchar la voz del Padre desde el cielo: «Éste es mi Hijo (...), en quien me he complacido» (Mc 1,11). Encontrarnos crucificados con Jesús y resucitar con Él: ¡he aquí el porqué de todo! ¡Hay esperanza, hay sentido, hay eternidad, hay vida! No estamos locos los cristianos cuando en la Vigilia Pascual, de manera solemne, es decir, en el Pregón pascual, cantamos alabanza del pecado original: «¡Oh!, feliz culpa, que nos has merecido tan gran Redentor», que con su dolor ha impreso “sentido” al dolor.

«Mirad el árbol de la cruz, donde colgó el Salvador del mundo: venid y adorémosle» (Liturgia del Viernes Santo). Si conseguimos superar el escándalo y la locura de Cristo crucificado, no hay más que adorarlo y agradecerle su Don. Y buscar decididamente la Santa Cruz en nuestra vida, para llenarnos de la certeza de que, «por Él, con Él y en Él», nuestra donación será transformada, en manos del Padre, por el Espíritu Santo, en vida eterna: «Derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados».



A continuación dejamos una serie de enlaces con algunos recursos para este domingo Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz.

Dibujos 


Especial para niños



Imágenes 


Vídeos


Sigue en directo la Asamblea diocesana

Si no has podido aercarte al Seminario Menor de Belvís donde hoy está reunida toda la diócesis para comenzar el curso, puedes seguir en directo todo el desarrollo de la misma desde aquí


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(Pincha en la imágen para acceder a la Asamblea en directo)


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¡Feliz Asamblea!


13 de septiembre: SAN JUAN CRISÓSTOMO

San Juan Crisóstomo nació en Antioquía el año 344. Su Padre, Segundo, era un guerrero belicoso. Su madre, es la mujer fuerte de la Biblia. Pronto muere su marido, y ella es la encargada de la educación del hijo.

A los veinte años ya sobresalía como orador y le comparaban con Demóstenes. Juan acudió al obispo de Antioquía y pidió el bautismo. Después deseó imitar a los anacoretas y pensó retirarse al desierto de Sira.

Un día su gran amigo Basilio le visitó y le comunicó que querían hacerles obispos. Ellos se oponían. Llegado el día de la consagración sólo encontraron a Basilio. Juan había huido al desierto.

Allí escribió “diálogo sobre el sacerdocio”. Distribuía su tiempo entre el estudio y la oración. Pero su voz, sublime no podía apagarse en el desierto. El patriarca Flaviano lo reclamó y volvió a la ciudad.

Sacerdote y ayudante de su obispo, se entrega al ministerio de la palabra, y se convierte en Juan Crisóstomo, el del” pico de oro”. Predica a todas horas, ataca los vicios, exhorta, aconseja, deslumbra con su palabra.

Predicaba a toda horas. Pero no se contentaba con el entusiasmo pasajero de los oyentes. Quería ver el fruto, las obras. No admitía una respuesta sólo de palabras. No basta, dice, adornar el templo. ¿Qué te dirá Dios si no te has preocupado de atender a tu hermano?

El año 397 es nombrado patriarca de Constantinopla. Seguirá predicando contra las injusticias de la corte y de los poderosos.

Cuando iba a ser trasladado a la costa oriental del Mar Negro, al pie del Cáucaso, al llegar a una ermita del pueblo de Comano, enfermó y agotado murió. Ha sido llamado el teológo de la Eucaristía y el mejor intérprete de San Pablo. Sus restos reposaron en Constantinopla. Actualmente se hallan en Roma, en la basílica de San Pedro del Vaticano.